Nutrición en los TEA
Alimentación en los TEA, TEA (Trastornos del Espectro Autista)

Nutrición biológica en los TEA

Los Trastornos del Espectro Autista (TEA) son de origen neurobiológico y afecta principalmente al desarrollo de las funciones cognitivas, presenta claras características del carácter y conducta en los niños diagnosticados. Normalmente el diagnóstico del autismo se enmarca en los primeros años de vida, aunque hasta hace muy poco solía ser diagnosticado a partir de los 3 años, en la actualidad se ha comenzado a detectar mucho antes, incluso a partir de los 6 meses.

Hasta hoy se sabe que los TEA no tienen una cura como tal, pues se trata de un trastorno que perdura toda la vida, no obstante la calidad de vida de los niños diagnosticados dentro del espectro, puede ser mejorada de forma significativa a partir del enfoque terapéutico de la nutrición biológica conjuntamente con otra serie de acciones estimulantes (educación, actividades concretas, mayor integración social, etc.)

Algunas de las características más habituales en los Trastornos del Espectro Autista son:

  • Dificultades en el desarrollo (lenguaje, comprensión, atención) e interacción social
  • Rituales, acciones que repiten de forma estructurada y obsesiva
  • Interés obsesivo por cierto tipo de actividades muy concretas, normalmente relacionadas con la manía de desarmar y rearmar objetos, ordenarlos de forma concreta, o hacer las cosas de una determinada forma
  • Una marcada indiferencia hacia los grupos (prefieren estar solos, juegan solos, no se interrelacionan con otros niños)
  • Normalmente (aunque esta regla no siempre se cumple) no señalar cuando están en edad para hacerlo al igual que el contacto visual, en donde no siempre se cumple la regla de “no mirar a la cara o los ojos o al objeto que se les señala”
  • En los niños con trastornos del espectro autista hay una marcada ausencia de juego convencional, pues demuestran preferencias por juegos más estructurados, solitarios y personales e incluso complejos
  • Aunque los niños con TEA han sido definidos y encasillados en la “ausencia de empatía” o no diferenciar ciertas emociones, esto no siempre es exactamente así, ni se da en todo los casos. Muchos son completamente capaces de sonreír, demostrar cariño y poner atención en ciertos momentos a determinadas cosas, aunque no necesariamente cuando lo es
  • Poseen un altísimo grado de sensibilidad de los sentidos: oído, olfato, tacto, gusto
  • A diferencia de lo que muchos creen respecto a los TEA, los niños diagnosticados dentro del espectro pueden llegar a desarrollar grandes habilidades si se les sabe enseñar, si les estimula adecuadamente y se plantea un enfoque de tratamiento biológico eficaz, adaptado y seguro; y sobre todo multidisciplinar
  • Muchos consiguen desarrollar un empleo del lenguaje más estable y fluido, más normalizado. Pueden aprender a tocar instrumentos musicales de forma excepcional y llegar a relacionarse con el entorno de forma sorprendente
  • A nivel físico, el niño que presenta TEA, ejecutará movimientos repetitivos con las manos (como el típico aleteo) o caminar en puntillas, balancearse sobre su propio cuerpo o realizar movimientos bruscos
  • Presenta una marcada tendencia a la manifestación de “rabietas” e hiperactividad y déficit de atención (se sabe ahora a través de estudios realizados recientemente que los niños con autismo presentan un 30% más de TDAH que los que no lo son)
  • En cuanto a los trastornos patológicos que estos niños desarrollan, podemos distinguir entre los más comunes e importantes: debilidad del sistema inmune, intestino hiperpermeable, trastornos gastrointestinales variados (intolerancias alimentarias y alergias, diarreas y/o más frecuentemente estreñimiento, parásitos, candidiasis, vientre hinchado, dificultad para aceptar ciertos tipos de alimentos, escasa capacidad intestinal para absorber adecuadamente la vitamina B12 relacionado con el factor intrínseco), adicción o preferencia particular por alimentos o texturas concretas, problemas para conciliar el sueño, mala o pobre calidad del descanso, hiperactividad (sobre todo nocturna), dificultad para concentrarse (se distraen con facilidad)
  • Se ha demostrado de que los niños con TEA presentan mayor número de crisis epilépticas, aunque no siempre se da en todos

Existe una tendencia errónea a creer que los Trastornos del Espectro Autista son una “enfermedad”. En realidad hay una confusión entre los términos. Cuando hablamos de TEA no hacemos referencia a niños enfermos, sino a un trastorno dentro del cual se enmarcan diferentes tipos de síndromes, entre los que se incluye el conocido “Síndrome de Asperger”. Los TEA se engloban dentro de los “trastornos generalizados del desarrollo” (TGD), pero no se halla definido como una enfermedad como tal, pues no lo es.


Descifrando su origen

No se conoce aún exactamente el origen de los TEA, pero recientes estudios comienzan a arrojar cierta luz en este aspecto. Ahora se sabe que la edad del padre en el momento de la concepción tiene una relación muy importante con las probabilidades de que el niño pueda presentar autismo o no. No así con la edad de la madre. También ha sido comprobada una relación en la mutación genética que continúa en estudio (1). El estudio de la genética en el autismo está en pleno desarrollo, pues en los últimos resultados se han realizado interesantes descubrimientos al respecto.

Así mismo la implicación de las vacunas en el desarrollo de los TEA sigue sin estar muy clara y es bastante controvertida y contradictoria, donde algunos estudios demuestran que esta relación no es real y otros en los que al parecer sí demostraron serlo han resultado fraudulentos. El estudio del microbioma (2) y los neurotransmisores también han empezado a clarificar muchas preguntas respecto a cómo enfocar un tratamiento multidisciplinar para conseguir mejorar la calidad de vida de los autistas. Donde hasta ahora solamente se empleaban herramientas enfocadas a la conducta y a la mejora del desarrollo cognitivo, nos encontramos con un abanico cada vez más amplio y eficaz en los diferentes aspectos a tratar en un niño con autismo, sobre todo a nivel biológico, el gran desconocido de los TEA.

En materia de diagnóstico precoz, contamos con avances significativos, como por ejemplo la búsqueda y experimentación con marcadores que permitan una detección temprana a través de análisis de sangre. Una tarea nada fácil teniendo en cuenta que este campo aún está en pleno estudio y desarrollo. Una de las herramientas de diagnóstico que se han contemplado en recientes estudios, abarca el empleo de resonancia magnética (3). Se sabe que el cerebro de los niños autistas es más grande que el de los que no lo son, y que poseen un mayor número de neuronas (4). Las principales características en el cerebro de un niño autista las encontramos en un nivel aumentado de sustancia gris en los lóbulos temporales (es en esta región del cerebro donde se procesan el lenguaje y el reconocimiento de las caras) y también en el lóbulo frontal relacionado con la memoria, el juicio, las funciones cognitivas, la ejecución y la conducta, lo que demuestra que existe una diferencia biológica en el cerebro de los niños con autismo. Por otra parte el mayor diagnóstico de TEA se presenta más en niños que en niñas (5 a 1) (5).

Se sabe también que los trastornos gastrointestinales y los desequilibrios en los niveles de neurotransmisores están presentes en los trastornos del espectro autista. Se está trabajando ampliamente en la relación cerebro-intestino a la hora de encontrar nuevos enfoques eficaces en el tratamiento del autismo, y vamos en la buena dirección. Pues hasta hace relativamente poco tiempo, los TEA eran tratados solamente desde la perspectiva conductual y en todo caso con ciertos tipos de fármacos como antipsicóticos, psicotrópicos, antidepresivos y medicamentos para el control del insomnio, algo que a la larga presentaba serios efectos secundarios sin conseguir realmente estabilizarlos de forma más natural y amigable con la biología del propio organismo.

Por esta razón empezar a contar con tratamientos de enfoque biológico más equilibradores es una gran noticia. La dieta es una de las primeras medidas que con mayor frecuencia se adoptan en el tratamiento de niños con autismo, y no deja de ser una acción que si está correctamente planteada, resulta eficaz y notable en la mejora de la conducta y la remisión de muchos de los trastornos gastrointestinales que estos niños presentan con mayor frecuencia.

Retirar de sus dietas moléculas como la caseomorfina y la gluteomorfina (que actúan como opiáceos) resulta en una medida terapéutica nutricional altamente eficaz, en cuanto a la mejora del comportamiento, patologías del tracto digestivo e intestinal e incluso en la correcta producción de neurotransmisores. A esta medida hay que sumar la imprescindible incorporación de una serie de suplementación que completará la nueva alimentación del niño autista, y que veremos traducirse en una mejora aumentada y notable de su conducta y capacidades neurocognitivas: el comienzo de toda una regulación biológica.

Estudios recientes han dado como resultado del empleo de ciertas sustancias naturales una mejora significativa por ejemplo, en cuanto al control de la irritabilidad (rabietas) que estos niños suelen presentar con numerosa frecuencia. Concretamente en estudios realizados con NAC (N-Acetil-cisteína) en forma oral (6).


Enfoque terapéutico bionutricional de apoyo a los TEA

En la aplicación de medidas coherentes empleadas en los tratamientos actuales que se plantean para los trastornos del espectro autista, la relación cerebro-intestino se hace imprescindible. Si no se plantea desde el principio un tratamiento partiendo de esta base, los resultados no serán con toda probabilidad los esperados. Estamos aquí ante dos vías de vital importancia en el tratamiento: endógenas (nutrición biológica)- exógenas (terapias de apoyo que contribuyan a la mejora de la conducta, el aprendizaje, la adaptación y el desarrollo)

Además de la iniciativa de incorporar otras medidas como parte de las herramientas que podemos emplear en la mejora del autismo para nuestros hijos, tales como terapias conductuales, apoyo psicológico, e incluso si se quiere el empleo de terapias como el Método Tomatis, siempre hay que acompañarlas con la búsqueda del equilibrio biológico. Esto se consigue mediante la combinación conjunta de: la alimentación y la suplementación. Sin ambas el progreso será mucho más lento y difícil; y casi con toda seguridad poco útil.


Entre las medidas nutricionales que plantea la nutrición biológica ortomolecular como apoyo eficaz en el tratamiento de los TEA podemos distinguir:

  • Alimentación hipotóxica (libre de gluten, lactosa, caseína, azúcares y grasas procesadas) llevando al niño hacia una forma de alimentarse más natural y reguladora
  • Incorporación progresiva de la dieta, teniendo en cuenta todas las características de los niños con autismo y su dificultad por aceptar los cambios que se introducen en cuanto a su alimentación
  • Enfoque terapéutico del comportamiento y conducta: tratando el TDAH si estuviera presente, la hiperactividad y el insomnio, la ansiedad y la irritabilidad
  • Fomentando el equilibrio en la producción y regulación de neurotransmisores
  • Equilibrando el microbioma intestinal, que da como consecuencia lugar a la regulación en la producción de neurotransmisores, desaparición de trastornos gastrointestinales y fortalecimiento del sistema inmune

Todo ello repercute directamente en un cambio sustancial del comportamiento del niño, logrando que su conducta pueda ser más estable (relajada y atenta a la vez), experimentando un aumento en la capacidad de sus funciones cognitivas y atención, y regulando desequilibrios tan comunes en ellos, como el insomnio y la hiperactividad o la irritabilidad que tan a menudo experimentan.


Pruebas de laboratorio empleadas en la mejora del tratamiento biológico en los TEA

Contando cada vez más con los últimos avances científicos y tecnológicos, tanto a nivel de diagnóstico como de herramientas para plantear un tratamiento personalizado, disponemos de la realización de pruebas de laboratorio específicas en la orientación del planteamiento nutricional, biológico y bioquímico de los TEA.

Las pruebas que con mayor frecuencia y coherencia se deberían llevar a cabo al comienzo de un tratamiento biológico del autismo engloban:

  • Estudio de la microbiota intestinal completo (imprescindible y principal)
  • Estudio de neurotransmisores
  • Estudio aminoácidograma completo
  • Minerales y metales tóxicos en cabello
  • Disbiosis intestinal (virus, parásitos, flora residente y pasajera, levaduras y hongos)
  • Test de intolerancia/hipersensibilidad alimentarias y alergias a proteínas (sobre todo a gluten, lactosa y caseína)
  • Hemograma básico completo de control

Se trata de estudios avanzados que aportarán datos relevantes acerca del estado biológico del niño, y a partir de los cuales se podrá plantear un enfoque mucho más personalizado y orientado a resultados concretos. La realización de pruebas de alta tecnología biomédica siempre debe estar muy bien justificada, y en este caso lo están y mucho. No obstante la realización de pruebas de este tipo debe escalarse en el tiempo según la evolución del niño (y sus características particulares), partiendo de la base de que el principal estudio y el primero en mi experiencia profesional, debe ser siempre, sin duda el de microbiota intestinal. A partir de aquí, planificar el tratamiento, observar, ajustar y volver a medir con el tiempo, incluso a partir de otras pruebas. Pero todas las mencionadas siempre arrojarán algo más de luz acerca del estado biológico del niño autista.


Equinoterapia y Musicoterapia

También será necesario el apoyo de otras terapias: logopedia, psicológica, educacional, conductual. Entre las terapias menos conocidas para el acompañamiento conjunto de la nutrición biológica podemos destacar con efectos comprobadamente eficaces: la equinoterapia y la musicoterapia, se sabe ahora que mientras más temprana sea la intervención, mejores resultados se obtienen (sobre todo a largo plazo) de la aplicación de este tipo de terapias en el tratamiento de los TEA.

En definitiva, sabemos que los TEA no tienen (lamentablemente) en la actualidad cura definitiva aún, pero al menos los estudios actuales se hallan en el camino de mejorar notablemente la calidad de vida de los niños autistas. Tengo plena confianza de que en algún momento, llegaremos a saber mucho más acerca de los trastornos del espectro autista (a nivel biológico) y a descubrir incluso sus causas con toda exactitud. Hasta entonces, contar con un tratamiento biológico basado en la evidencia científica actual es un enorme avance para todos.


Bibliografía y Referencias

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