Medicina natural y medicina clásica
Nutrición ortomolecular

En defensa de lo nuestro

Una inquisición de pleno siglo XXI

“Toda verdad pasa por tres etapas: primero se burlan de ella, después se oponen violentamente a ella y, finalmente, se acepta como obvia”

Arthur Schopenhauer

Este es un post especial, que se sale de la línea de lo que normalmente suelo escribir en mi blog, dedicado en cuerpo y alma a la nutrición biológica y ortomolecular, a la difusión científica, objetiva y real en la que me he empeñado.

La decisión de escribir este post especial no es otra que la motivación por defender mi profesión del inescrupuloso ataque hacia las alternativas naturales y complementarias que se ha puesto tan de moda últimamente. Y es que como profesional de la salud natural, no puedo seguir viendo desfilar ante mis ojos semejante sarta de injurias, injusticias y difamaciones sin sentido, todo metido dentro del mismo saco porque se trata en definitiva, de las “terapias naturales, las complementarias o alternativas”. En realidad el término que más se ajusta cuando se hace referencia a ello debería ser sin duda el de “complementarias”.

Estoy bastante sorprendida por un lado de cómo algunas asociaciones e instituciones (incluidas la de la sanidad pública), laboratorios, profesionales de la alopática y miembros de colegios y demás organizaciones han orquestado una campaña de desprestigio contra las complementarias. Me preocupa especialmente el hecho de que, incluso se esté pagando a algunos profesionales de la salud (es evidente que sin escrúpulos algunos) para ejecutar a través de sus blogs y medios de comunicación prestando sus imágenes y sus voces públicamente, el hacha contra todo tipo de terapias naturales/complementarias (o como ellos las llaman pseudociencias). Todas por igual. Incluso contra algunas que no son ni siquiera terapias naturales, como el psicoanálisis (¡qué diría Freud si levantara la cabeza, por Dios!)

Es curioso porque los que hacemos por ejemplo nutrición biológica, natural u ortomolecular como yo (llámese como desee) no dedicamos nuestro valioso tiempo a difamarlos a ellos. Ni a ir en contra de lo que hacen. Los que ejercemos nuestra profesión de una forma seria y responsable tampoco tenemos por costumbre desprestigiarles ni montar campañas infames contra sus métodos y ciencias.

Me pregunto a menudo si la mayoría de personas que recurren a las alternativas/complementarias naturales se lo plantea de la siguiente forma:

Si se te perfora el intestino por ejemplo, ¿a quién acudirías para ser tratado? Estoy segura de que la mayoría lo tiene claro: al hospital ¿no? Si se te fractura una pierna, ¿a quién acudirías? Al traumatólogo a que te escayole, ¿no? Pero quizás si tienes una alergia crónica y te has hartado de los efectos secundarios de los corticoides, decidas probar otra cosa… y entonces acudes a la consulta de un naturópata, ¿es posible no? Y si tienes síndrome de fatiga crónica y nunca mejoras con la toma continuada de antiinflamatorios y demás repertorio químico, ¿querrías probar con algo distinto quizás, más natural, sin menos efectos secundarios? Es posible… ¿no?

Entonces, ¿dónde está el problema?. Hay algo que no se puede negar, porque negar la evidencia, la objetividad y la ciencia es de necios y de estúpidos. Al César lo que es del César. Ninguna ciencia en el mundo actual ha avanzado tanto como la medicina alopática moderna. No existe nada en el mundo comparado con la insuperable cirugía. En el tratamiento de lo agudo nada mejor que ir a ver tu médico… ¿estamos de acuerdo o no?

¿Acaso nos creen tan necios como para negar la evidencia que tanto les alegra, les encanta y disfrutan? NO, por supuesto que no.

Ahora pensemos en el tratamiento de lo crónico: ¿alivian temporalmente los síntomas?… Sí. ¿Recargan de fármacos a los pacientes sin ofrecerles ninguna otra solución? Sí. ¿Generan sus métodos actuales en el tratamiento de lo crónico serios efectos secundarios? Sí. ¿Educan para la prevención, por ejemplo a través de la alimentación? NO. ¿Enseñan a sus pacientes a gestionar el estrés para evitar empeorar de enfermedades comprobadamente influyentes en el desarrollo de las mismas? NO. ¿Escuchan a sus pacientes? NO. ¿Les tratan como a un conjunto, un sistema completo? NO.

¿Son los mejores si se te fractura el cráneo en un accidente? SÍ. ¿Necesitan mejorar en el tratamiento de lo crónico? ¿Tú que crees?

Aquí es donde se abre la mayor brecha (y real) entre lo que debemos y podemos distinguir entre elegir en un momento dado ir a ver al médico que está en un hospital o ir a explorar otras alternativas. ¿Tú en qué casos crees que deberías elegir ir a ver a uno u otro? Lo tienes claro ¿no?

No todos los profesionales que nos dedicamos a alguna rama de las alternativas/complementarias naturales somos unos irresponsables ni unos inconscientes. Muchos de nosotros estamos formados por médicos (sí, habéis leído bien) médicos doctorados en especialidades que ejercen (como es mi caso) la ortomolecular e instruyen a otros en esta especialidad. He visto durante años el resultado maravilloso que se consigue de que un médico (licenciado en medicina) opte por ejercer la profesión en combinación con ciencias como la ortomolecular, en donde han podido ayudar mucho más a sus pacientes que si sólo ejercieran la medicina clásica sin más, de la forma en que lo hacen esos mismos médicos que ahora van contra nosotros e incluso contra muchos de sus propios colegas por esta razón.

Parece increíble que los médicos sean incapaces de reconocer sus limitaciones y admitir que en muchas ocasiones, una combinación de disciplinas junto a la medicina podría llegar a producir efectos maravillosos en sus pacientes. Supongo que prefieren el talón firmado de alguna farmacéutica multinacional que les pagará sus lujosas vacaciones el próximo agosto.

Es penoso ver como sus mentes se cierran ante lo que desconocen y desprecian admitiendo un nivel de ignorancia implícito en esa actitud por la que deberían sentirse muy avergonzados.


Mi experiencia profesional en mi propia consulta

A menudo las personas que llegan a consultas como la mía, no vienen para que les cure el “cáncer con grandes dosis de vitamina C” (para curar el cáncer están los oncólogos, nosotros estamos para enseñar a disminuir las posibilidades de que lo desarrolles) de hecho no conozco ningún caso ni parecido en toda la bibliografía ortomolecular. Sí puedo afirmar en cambio, que si buscas un poco de información veraz, encontrarás cientos de estudios que avalan el increíble poder antioxidante de la vitamina C y como su uso en la prevención de la degeneración celular es altamente eficaz. En pocas palabras, tomar grandes dosis de vitamina C puede ayudar a que tus células se repliquen con una mayor eficacia reduciendo enormemente las posibilidades de que te enfermes más menudo o de ciertas cosas… pero por ejemplo, siendo el cáncer una enfermedad multifactorial en la que influyen no sólo la alimentación, sino el entorno, la contaminación, la genética o los hábitos como el tabaco, no estarás exento de ello por esta razón de que te dé. No obstante un organismo correctamente nutrido puede enfermar con menor frecuencia o gravedad o hacer frente al tratamiento de una enfermedad en mejores condiciones biológicas.

Y todo esto está muy bien documentado y es real. Quién afirma que puede curar enfermedades incurables, indudablemente es un charlatán. Ahí no hay discusión posible. Nadie pone en tela de juicio semejante cosa. Otra bien distinta es asegurar (a través de la experiencia real) que sí puedes ayudar a tener una mejor calidad de vida, sobre todo en donde la medicina clásica aún falla con grandes y graves errores que se empeña en no reconocer ni asumir ni reparar. ¿Por qué sino iban a venir a consultas como la mía los que buscan opciones más amigables con la sabiduría de su propio cuerpo?

En vez de tanta propaganda sensacionalista, fatalista, falsa y maliciosa en contra de algunas alternativas/complementarias naturales (eficaces) estos medios deberían plantearse la cuestión desde mi humilde opinión, partiendo de puntos de vistas como estos.

Si un nutricionista ortomolecular, naturópata u homeópata puede humildemente reconocer cuáles son sus limitaciones y hasta dónde puede abarcar con sus conocimientos y experiencias, ¿no creéis que quién está detrás de toda esta orquestada campaña podría hacer lo mismo?

Si tienes una infección, lo único que va a matar la bacteria para mayor seguridad, es un antibiótico. Después nos encargaremos nosotros de reequilibrar la flora que se han cargado para que no te enfermes de otra cosa… pero tendrás antes que tomarte el antibiótico. Aquí tampoco hay discusión posible. ¿Estamos en contra de algo que ha salvado millones de vidas en todo el mundo? NO. Claro que no. ¿Se puede negar esta verdad irrefutable? NO. Claro que no. Pero que reconozca la alopática que ahí se quedará la cosa para ellos. Ahora si lo que quieres es aumentar tus posibilidades de prevenir el desarrollo de enfermedades, entonces venir a mi consulta sí es lo que deberías hacer, porque puedo enseñarte cómo.

¿Es esto malo o bueno? Desde mi punto de vista profesional se trata de una carencia de la alopática actual. Una carencia en donde nosotros estamos presentes con nuestros conocimientos y nuestra evidencia (que la hay y la tenemos). ¿Es esto malo o bueno? ¿Podría la medicina clásica alopática trabajar algún día codo con codo con disciplinas como la ortomolecular sin tirarse de los pelos? ¿Reconociendo y dándose clara cuenta de que en realidad, no existe una competencia absurda, sino una oportunidad para complementar lo que a la otra le falta para ir en una misma dirección?

Ojalá les viera caminar hacia un objetivo tan sensato. En cambio les veo maldecir, confundir, difamar y levantar armas contra alternativas y disciplinas que se vuelven a la par que ellos arcaicos, más científicas. Qué pena de iniciativa la de asociaciones cegadas por intereses farmacéuticos que ven peligrar sus ingresos. Qué pena ver cómo mientras en otros países se integra lo natural con lo clásico y se fomentan la utilización conjunta, aquí se desprecian y se prohíben. Vamos para atrás como los cangrejos. Involucionamos inútilmente sin sentido alguno.

En EE.UU clínicas como la reputada Mayo llevan décadas integrando alternativas y complementarias naturales como parte de los tratamientos de medicina clásica con total éxito. Y cada vez van a más. ¿Es la clínica Mayo de EE.UU un sitio digno de ser cerrado por esto? ¿Se ha puesto en tela de juicio a los profesionales increíbles que trabajan allí por esto? ¿Son menos médicos que otros por inducir a sus pacientes a la práctica de la meditación, a llevar una alimentación más natural o hacer risoterapia?

¿Creéis que algún médico en la Mayo desaconsejaría hacer psicoanálisis a alguno de sus pacientes si creería que esto pudiera ayudarle, a superar por ejemplo, un cáncer a nivel emocional? En España visto lo visto, al parecer sí porque ha sido considerado como una “pseudociencia”… (vuelvo a pensar en Freud y en lo que diría si levantara la cabeza…) No me extrañaría que también añadieran a su súper lista la psicología… por cierto, ¿no forma acaso el psicoanálisis parte de la carrera de psicología? De lo absurdo, absurdo…

¿Tenéis la menor idea de a cuántos médicos conozco que se han especializado en la homeopatía o la ortomolecular?… Sí a más de los que puedo contar con los diez dedos de mis manos…


Separando las churras de las merinas

En el reluciente listado que se puede leer en la web de “pseudociencias” de la famosa asociación que lidera esta absurda y sin sentido campaña, se pueden encontrar numerosas terapias alternativas y complementarias, entre las cuales están las energéticas. Nunca que yo sepa, nadie ha afirmado que las terapias energéticas sean ciencia, pero sí es cierto que la ciencia con sus “respetados estudios científicos” ha demostrado que el ser humano es en sí un conjunto de complejos sistemas.

Este conjunto multifactorial que somos, abarca sistemas biológicos (científicos), energéticos (las llamadas pseudociencias) y psicológicos y emocionales. Unas están especializadas en campos muy concretos, como el cuerpo, otras en aspectos espirituales y psicológicos. Y ayudan a muchas personas a sentirse mejor. ¿Es esto malo? NO. Distinto es que se pueda afirmar que “curan” todas las enfermedades sean éstas físicas o mentales, emocionales o espirituales o energéticas.

Pero en esta cruzada todo se menea dentro de la misma bolsa. Error garrafal de los verdugos en esta inquisición moderna de pleno siglo XXI. No se pueden mezclar. Ni juntar. Tampoco separar. Cada disciplina abarca un aspecto esencial de la vida del ser humano y existen para tratar específicamente a cada una de ellas. ¿Se deben condenar a todas por igual por esta razón? Es más la pregunta esencial es ¿Se deben condenar sin más? ¿Son realmente tan “peligrosas” como afirman estos organismos subvencionados por el estado a su vez premiado con los beneficios de las grandes farmacéuticas como nos quieren hacer creer?

No creo ni de lejos que lo sean. Otra cuestión bien distinta es que vendan humo del color equivocado. No estoy de acuerdo en que se afirmen curaciones milagrosas que no son reales con la práctica de técnicas que de sobras es sabido, no curarán ciertas enfermedades… Aquí debemos ser humildes y reconocer el error de muchos que ejercen estas terapias haciendo sonar el bombo erróneamente. No hacer daño y no mentir son los principios de los que nos dedicamos a las alternativas y complementarias naturales, y todo lo que sea contrario a esto, es una vergüenza para nuestra profesión. La ética debe premiar por encima de los intereses económicos y del ego, y en este aspecto reconozco abiertamente que muchos profesionales que se dedican a las terapias naturales, alternativas y complementarias no llevan a término sus prácticas desde este punto de vista ni las ejercen con tales principios.

Está claro que acciones como estas, nos han perjudicado a todos. Incluso a los que sí ejercemos con ética nuestra profesión. Porque entre unos y otros, al final todo acaba metiéndose (como no debería ser) en el mismo saco. Lamentable. Y lamentable que gracias a cosas como estas todos nos veamos aparecer en un listado en el que no deberíamos estar.

Tampoco se pueden condenar medicinas milenarias como la tradicional china o la ayurveda en donde en su origen son carreras universitarias de más de 6 años (8 para la medicina tradicional china) reconocidas incluso por la OMS. Quién ha recomendado incluir ciertas terapias como parte de la medicina complementaria en la alopática. Una integración multidisciplinar que aquí pasan muy consciente e interesadamente por alto e incluso niegan y prohíben; y ahora persiguen.

Me pregunto qué sentido tiene condenar la fitoterapia, ciencia madre de la “farmacia” (porque todos sabemos que no es sólo mérito de la química). ¿O es que acaso no sabéis en dónde nació?, a todas luces el colmo de este gran absurdo. En mi opinión y observación crítica de la polémica veo un ingente número de incongruencias que pueden muy probablemente impresionar y hasta convencer al más incauto ignorante sobre el tema, pero a los que hemos estudiado un poco, os aseguro que no. Se trata del mismo sentido común que recomiendan poner en práctica en su bienaventurada cruzada contra estas disciplinas. ¿O es que ese sentido común sólo es válido en una dirección?…


En defensa de lo nuestro

Por otra parte, la ortomolecular es quizás con total diferencia una de las mal llamadas “pseudociencias” del listado que sin embargo ostenta la mayor cantidad de médicos alopáticos de la historia. Tenemos incluso científicos reputados en nuestros banquillos y hasta premios nóbeles. Y orgullosos estamos de ello.

Yo personalmente me enorgullezco de mi trabajo. Cualquiera que navegue por mi web puede constatar con seguridad que aquí no se vende humo de colores. La ortomolecular no promete resolver todos los problemas de salud inimaginables, pero sí mejorar enormemente la calidad de vida de todo aquel que decida entrar en nuestras consultas. Y os aseguro que esa mejora es real y constatable.

No se puede condenar a todos por los errores, necedad o ego desmedido de unos pocos ni comparar el oro con la plata. Ni se puede despreciar lo que no se conoce ni se ha experimentado ni dejar de escuchar a aquellos que han cambiado en algo positivamente sus vidas con la práctica de terapias que se niegan a entender, explorar o a descubrir por una mente obsoleta, cerrada y deficiente en curiosidad. Algo que por cierto a los científicos les sobra.

A los médicos que se consideran tan “científicos” les pregunto entonces: ¿dónde está su curiosidad? ¿Es que acaso salen de la facultad de medicina y dejan de aprender? ¿De verdad creen que lo saben todo, absolutamente todo y que no hay nada más sólo porque no pueden explicarlo con los conocimientos que poseen?

Apertura de mente, curiosidad, humildad y sobre todo una profunda y transformadora integración están siendo imprescindibles en la confluencia de una medicina alopática más eficaz en muchas de sus prácticas hacia las bien llamadas “medicinas naturales” (que no pseudociencias sin más, sino complemento de las ciencias). Porque de otra forma, ¿qué otra razón iban a tener los que vienen a nuestras consultas, que buscar lo que no encuentran en los hospitales? Y no, no me refiero a la cirugía (que sólo puede ejercerla evidentemente un licenciado en medicina) no me refiero a no tomarte un antibiótico si tienes una infección, a no usar un corticoide si no puedes respirar. Me refiero a un tratamiento del cuerpo conjuntamente con una mente y un espíritu que la alopática no hace más que negar, ignorar y adolecer cada día más. Y por tanto cronificar lo que se puede tratar desde otras perspectivas.

Como nutricionista ortomolecular en muchas, muchísimas ocasiones trabajo a la par con los médicos de mis pacientes, muchos de ellos reniegan o incluso se niegan a realizarles un tratamiento conjunto que les ayude en el camino de un mayor bienestar. Algo que lamentar. Luego, cuando más tarde vuelven a sus consultas y les ven mejorar, en vez de indagar en qué han cambiado o qué nuevas cosas han hecho para estar mejor, con un orgullo estúpidamente incomprensible, les dicen sin más “que no saben qué es lo que están haciendo, que tampoco quieren saberlo, pero que sigan haciéndolo porque están mejorando”.

¿Hay alguna explicación para actitudes como esta más allá del miedo, la ignorancia y la arrogancia? Lamentable. El día que un médico admita sus limitaciones, nosotros habremos avanzado un paso más hacia la integración de ciencias como la ortomolecular y la alopática (oficialmente). Y ese día será grandioso porque estaremos caminando en la misma dirección. Nuestras limitaciones al menos de momento, las tenemos muy presentes. Yo particularmente no puedo realizar cirugía en mi consulta (no soy cirujana) ni puedo retirarle la medicación a una persona (no soy médico). Pero sí puedo enseñarles qué hacer para que sus cuerpos respondan mejor a esos tratamientos, o ayudarles a prepararse biológicamente a la hora de enfrentarse a una cirugía, a través de hábitos saludables, (dieta, suplementos) o puedo indicarles qué pueden o no comer para recuperarse mejor o más rápidamente después de una. O enseñarle a una persona a comer saludablemente tras superar un cáncer… o en pleno tratamiento para sumar.

Justificarnos casi constantemente ante la comunidad médica debería hacerles sentir vergüenza. Ahora bien, cuando son ellos los que deben justificarse por sus limitaciones, desconocimiento o incluso por sus errores (que también los comenten) parece que aquí no ha pasado nada…

Trabajar con objetividad y responsabilidad está dentro de nuestras obligaciones. Está claro que yo sí conozco mis limitaciones y las admito abierta y humildemente. ¿Y usted doctor?

 

 

 

 

 

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