Qué es la nutrición ortomolecular
Nutrición ortomolecular

¿Qué es realmente la Nutrición Ortomolecular?

En su definición más técnica y cientifista, la nutrición ortomolecular (del griego orthos-óptimo) puede explicarse como “la nutrición óptima a nivel celular, la restitución o re-equilibrio del estado de la salud a través del ajuste bioquímico individual a partir de todos los nutrientes necesarios para el mantenimiento de la vida” y es absolutamente correcta, pero no deja de ser una definición un tanto ajustada para quien se interese de verdad en conocer a fondo los increíbles beneficios de esta maravillosa ciencia.

Como nutricionista ortomolecular, además de la inevitable definición técnica se me hace muy necesaria una explicación realmente más profunda de lo que es y lo que no la ciencia de la Nutrición Ortomolecular en toda su amplitud de aplicaciones.

Para empezar dejaré claro que la nutrición ortomolecular poco tiene de típica o similar a la ciencia de la nutrición humana y dietética más convencional. Ésta última se enfoca en cuestiones puramente dietéticas en momentos muy puntuales de la vida y generalmente además es aplicada en dos variantes bien definidas: por un lado para tratar el problema del sobrepeso y por otro para acomodar temporalmente la dieta a enfermos hospitalizados cuya alimentación debe ser controlada como acompañamiento a alguna intervención, patología o como consecuencia de ésta. Pero no va más allá de ello (y no deja de ser en ningún momento tan importante por ello). La nutrición ortomolecular es una ciencia que va un tanto más allá. Pretende hacer y ser la base de un sistema integral donde ante todo se re-equilibra bioquímicamente el organismo con la finalidad máxima de llevarlo a su punto de funcionamiento óptimo como medida principal de prevención y atención inmediata a frenar cualquier posible desarrollo de alguna enfermedad. Su acento y su énfasis tienen un papel fundamental en la prevención y corrección, factores extraordinarios que la convierten en una medicina completa única en ese campo concreto.

Por un lado la nutrición ortomolecular contempla la dieta habitual como base de la salud, reeducando y enseñando cómo comer, qué comer, cómo preparar los alimentos, conservarlos, etc. Aporta calidad a nuestra dieta a través de todo lo que podemos aprender de ella, pues el equilibrio depende no solamente de ingerir sustancias naturales cuando sea necesario en forma de cápsulas sino en ir reorganizando nuestra vida celular interna con una adecuada forma de alimentarnos, todos los días. Prioriza la calidad del alimento ante la cantidad, lo cual en esta ciencia es una norma fundamental para lograr los resultados que se esperan.

Otra vía de actuación de la nutrición ortomolecular se centra en la reparación celular de los tejidos y el impulso para regenerar el organismo que aporta a través de la ingesta de sustancias naturales, más conocidas como “suplementos”. Para los nutricionistas ortomoleculares, estos suplementos suponen lo que para el médico sus fármacos, eso sí con una notable diferencia y es que por lo general la mayoría de las sustancias ingeridas en sus dosis y tiempo adecuado son altamente más beneficiosas evitando desagradables efectos secundarios y potenciando enormemente el buen estado de salud general. Normalmente estas sustancias no son sino las mismas que nuestro organismo utiliza y genera por sí mismo de forma completamente natural para llevar a cabo todas sus funciones, desde enzimáticas hasta hormonales, y que muchas veces (en la mayoría de los casos) presentan estados de deficiencia prácticamente de forma crónica debido a numerosos factores influyentes como ser la alimentación, la calidad de vida, que tiene en cuenta desde el nivel de estrés soportado, estilo de vida sedentario o extremadamente activo, salud mental, equilibrio emocional, entorno donde se viva (ciudad, campo, etc.) contaminantes a los que se esté expuesto (gases, aire, agua, etc.) para medir en qué grado estamos deficientes de ellas y por tanto en qué medida nuestros procesos biológicos están siendo forzados por el sistema perfecto (pero con límites) de nuestro organismo. De ahí que su presencia durante algún tiempo en algunos planteamientos de los tratamientos ortomoleculares se hagan realmente imprescindibles para restituir todo el equilibrio perdido. En nuestra era actual nos encontramos muy por debajo de esos niveles óptimos de nutrientes que la ciencia de la nutrición ortomolecular defiende y aplica con total éxito.

La base fundamental de la nutrición ortomolecular no es otra que devolver en todo momento ese equilibrio, esa homeostasis perfecta que todo organismo precisa para poder hacer frente con eficiencia al posible desarrollo de cualquier trastorno y en este caso de evitarlo, puesto que por esa misma razón se convierte en un sistema de prevención tan altamente eficaz.

En su base principal, la ortomolecular tendrá como prioridad ambas cosas, así mismo no dejará de poner especial atención en la calidad de vida, recomendado como parte de sus planteamientos individualizados higiene física y mental, equilibro emocional y actividad física moderada y adecuada, gestión del estrés y aprender a conocer cómo funciona nuestro organismo desde el interior de la célula.

Como ciencia de apoyo, la nutrición ortomolecular es la gran aliada para ayudar al organismo a recuperarse tras largos tratamientos médicos tradicionales, sobre todo de carácter muy agresivo, como son la quimioterapia, la radioterapia o las intervenciones quirúrgicas en algunos casos, sin descartar ningún otro tratamiento alopático de larga duración representando una enorme ayuda en los trastornos de condición crónica. En estos casos su eficacia es de una magnitud a destacar siendo altamente eficiente en la recuperación del organismo tras largas enfermedades así como en el más alto grado de prevención de las mismas.

La nutrición ortomolecular posee así mismo la especial peculiaridad de trabajar sobre la base de la bioquímica individual (siendo sus resultados absolutamente comprobables) adaptando el tratamiento a la persona en todas sus particulares necesidades, tratando de fondo todo principio de enfermedad para evitar que pueda ser desarrollada en un futuro (enfocándose principalmente en el terreno que es la base), y es por esta razón la ciencia más eficaz en el tratamiento de toda patología subclínica, latente o de carácter crónico.

Cuando una persona entra a una consulta de nutrición ortomolecular, se está llevando un tesoro de incalculable valor para toda su vida, pues no sólo encontrará una vía certera para el mantenimiento y/o recuperación de su estado de salud, sino que además aprenderá cómo no volver a llevar a su organismo a tales grados de desequilibrio bioquímico. Se educa para eso, y en mi opinión profesional es de las pocas terapias que aporta a las personas conocimientos tan honestos para la gestión de su propia salud. La nutrición ortomolecular no sólo tendrá en cuenta su estado fisiopatológico sino también psicológico, emocional, entorno, etc. entre una numerosa cantidad de factores de vital importancia a fin de poder devolver un cofre con herramientas que serán a partir de entonces de total responsabilidad empezar a utilizar en su vida diaria por parte de quienes acuden a una consulta de esta especialidad.

Haciendo uso siempre de los más avanzados y últimos estudios que la ciencia realiza constantemente sobre los excelentes efectos de aplicar lo que la nutrición ortomolecular nos enseña en nuestros organismos, puede aportar en prácticamente el 95% de los casos diagnósticos muy certeros, pues para ello cuenta con la realización de pruebas médicas de la más afinada tecnología bioquímica y molecular, incluidos los más detallados estudios de genética.

La ciencia de la nutrición ortomolecular, no es por tanto un paripé sin base científica ni tampoco una terapia sin más. Ha sido fundamenta por numerosos científicos a lo largo de su historia, que entregaron su vida al estudio y comprobación de sus efectos, entre ellos destacando al padre fundador Dr. Linus Pauling (1901-1994) dos veces premio Nobel, la doctora Katerine Kousmine (1904-1992) o el Dr. Jean Seignalet (1936-2003) todos ellos aseguran “haber extendido su vida en al menos unos 30 años gracias a la ciencia de la nutrición ortomolecular”.

Re-equilibrar (cronicidad), reeducar y por supuesto prevenir son los tres pilares fundamentales de esta ciencia que cada día avanza en sus aplicaciones y estudios y que, seguramente al ser una medicina preventiva de alta eficacia se convertirá en un futuro (o al menos así debería plantearse) en la principal amiga y compañera de la medicina tradicional alopática.

 

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